Como les había comentado en posteos anteriores, estuve trabajando en dos proyectos grandes de gastronomía (uno todavía se está terminando), lo cual me generó una lista de pendientes enormes, las cosas a hacer eran interminables, estaba todo el tiempo hablando con proveedores, pasaba horas en el WhatsApp incluso en vacaciones, lo cual me estaba generando un desequilibrio mental, mucho cansancio y pérdida del foco en las cosas que son importantes y a las que uno le hace feliz.

Había perdido el eje, había perdido el foco y estaba atareado con la cantidad de cosas que tenía que hacer. Si bien armar proyectos gastronómicos es algo que me apasiona, hacer dos se volvió intolerable, y como bien dicen en Silicon Valley: you can’t chase two rabbits – nunca podrás atrapar dos conejos a la vez -.


Ni hablar de sentarme a escribir, como lo estoy haciendo ahora, algo que también disfruto mucho.

Una vez que el motor empezó a frenar y las actividades calmaron, me dije a mí mismo que esto no podía volver a ocurrir y necesitaba volver a centrarme en principios y en las actividades importantes.


Fue leyendo Tribu de Mentores, de Tim Ferris, lo que me permitió volver a centrarme en mi eje, volver a los orígenes y recordarme de priorizar lo importante.

En éste libro, Tim hace entrevistas a miles de empresarios, actores, emprendedores, músicos, filósofos, etc y a todos les hace la siguiente pregunta: ¿Cuándo te sentís atareado o desenfocado, qué hacés? ¿Qué preguntas te haces a vos mismo?


En las páginas del libro que le corresponden a Adam Robinson – jugador profesional de ajedrez y matemático – él dice que cuando se siente desenfocado se realiza la siguiente pregunta:

¿Dónde debería estar mi atención ahora?
Y la respuesta es siempre la misma, en mi MISIÓN.


Esa simple palabra fue lo que activó todo mi esquema de pensamiento y darme cuenta de que no podía pasarme armando proyectos gastronómicos ya que esa no es mi misión. Sí, claro, es parte de mi trabajo también, pero llegado el momento con dos proyectos tan grandes esto se había apoderado de mi vida y mi WhatsApp.

Estaba desenfocado, ataread, y la palabra clave que tenía que volver a retomar era mi misión. El secreto estaba – y ESTÁ, y siempre va a ESTAR – en empezar cada día con un fin en mente. Empezar cada día con mi misión.

Cada día debe contribuir de un modo significativo a la visión que tenemos de nuestra vida como un todo, y podemos estar muy muy atareados, haciendo miles de cosas – era mi caso – sin ser efectivos.


Como dice Stephen Covey, en su libro de los 7 hábitos: “Personas pertenecientes a todos los trabajos a menudo luchan por lograr ingresos más altos, más reconocimiento o un cierto grado de competencia profesional, sólo para descubrir que su ansiedad por alcanzar la meta les ha privado de cosas que realmente importan y que ya han quedado fuera de sus posibilidades”.

Empezar con un fin en mente, con una misión, es saber lo que es verdaderamente importante para nosotros, y manteniendo ese cuadro en mente, actuar cada día para hacer lo que en realidad nos importa. Como siempre dijimos, si la escalera no está apoyada en la pared correcta, cada paso que demos no hará más que acercarnos antes al lugar erróneo.

Lo que más importa está enterrado bajo capas de problemas apremiantes, preocupaciones inmediatas y conductas exteriores.

Empezar con un fin en mente significa enfocar mis roles en la vida – padre, hermano, pareja, emprendedor, consultor, etc -, teniendo en claro mis valores y mi orientación. Significa también empezar cada día teniendo esos valores presentes, y cuando los problemas aparezcan, actuar con integridad.


Nuestra misión debe ser como la constitución de un país, en el sentido de que en lo fundamental, nunca va a cambiar. Es nuestra esencia. Si nos quedara un semestre de vida, ¿cómo nos gustaría pasarlo?

Nuestra misión personal será más equilibrada y más fácil de trabajarla cuando la dividamos según los roles específicos de la vida y las metas que se quieran alcanzar en cada uno. Identificando roles, podremos revisarlos constantemente y tener la seguridad de no ser absorbido por un rol a expensas de otros que pueden ser igual o incluso más importantes en la vida.

Luego de identificar los roles, deberíamos pensar a largo plazo qué se quiere alcanzar en cada uno de ellos.

Definir una meta efectiva nos permite identificar el lugar en donde queremos estar, y a la vez ayuda a determinar dónde se encuentra uno. Finalmente, esto debe traducirse en actividades diarias, de modo que uno sea proactivo, esté a cargo de su propia vida, y día tras día logre que ocurran las cosas que le permitirán cumplir con su misión personal.


Es verdad, me sentí atareado y desenfocado porque afrontando los compromisos que “debía” hacer, no realizaba aquello que es importante para mí.

La definición es fundamental, pero el paso dos es el actuar. La administración efectiva consiste en empezar por lo primero, mientras que el liderazgo decide qué es lo primero.

Como dice Covey, debemos trabajar en las cosas que no son urgentes, pero sí importantes: por ejemplo, construir relaciones, redactar nuestra misión personal, planificación de largo plazo, ejercitación, meditación, y todas aquellas cosas que sabemos que hay que hacer pero no hacemos porque no son urgentes.

Piense lo siguiente: ¿Qué puede hacer usted en su vida personal y profesional que, de hacerlo regularmente, representaría una tremenda diferencia positiva en su vida?

De este modo, usted podrá tener presentes y no descuidar áreas importantes como la salud, la familia, la preparación profesional o el desarrollo personal. Sentirá el equilibrio, tendrá sus actividades diarias basadas en su misión personal, y cada día sentirá un equilibrio tal que sabrá que está cada día contribuyendo hacia su misión personal.


Rescaté algunas de las respuestas del libro de Tim Ferris, de qué contestan las personas cuando se sienten abrumadas y desenfocadas, aquí las respuestas.

  • Escanear mi calendario, “quemar” actividades, y pasarlas para otro día. Todas las semanas libero un día para un viaje afuera de la ciudad, y en el caso de que surja alguna emergencia, cuento con un día para usarlo de cualquier forma. Programo todo de Lunes a Jueves.
  • ¿Qué sería lo peor que pudiera ocurrir? A veces estamos corriendo, ansiosos por algo y en ese momento me pregunto qué sería lo peor que pudiera ocurrir. Si estoy llevando a mi hijo al colegio y llegamos tarde, ¿qué sería lo peor que pudiera ocurrir?
  • Doy un paso para atrás, me calmo, y utilizo la técnica de los cinco por qué.
  • Pienso en la mente como una computadora y que la memoria RAM está llena. En ese momento siempre es mejor apagarla y reiniciarla.
  • Siempre hago listas, y también disfruto mucho llevando al perro al parque. Ir a caminar a la naturaleza es una actividad que siempre calma.


Gracias por la lectura, espero que ésta reflexión pueda ayudarte tanto como a mí, a mantener los pies sobre la tierra y a vivir cada día basados en principios y en la misión personal. Sentir el equilibrio, y saber qué hacer cuando nos sentimos atareados y desenfocados.

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